[COLOR=#1D2129][FONT=Helvetica]Mi primer día de autoescuela.[/FONT][/COLOR]
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[COLOR=#1D2129][FONT=Helvetica]Mi primer día de autoescuela.[/FONT][/COLOR]
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Jijijijijijiji
Juan carlos
Buenas noches a todos
Buenas noches Diferents, mañana más y mejor.
Buenos días Diferents, vamos a por el domingo.
[COLOR=#1D2129][FONT=Helvetica]EL GILIPOLLAS DEL DÍA...[/FONT][/COLOR]
[IMG]https://media.giphy.com/media/26gskzzULzqa9v9Di/giphy.gif[/IMG]
[SIZE=4][FONT=arial]La frase: [B][COLOR=#b22222]"Cuando tiemblan los cimientos de la vida y se oscurece todo el horizonte. ¿Llegó el final de la partida?"[/COLOR][/B].[/FONT][/SIZE]
[I]Rafael González-Serna, cantautor sevillano.[/I]
Buenos días diferents.
Luis
Buenos días diferentss
Juan carlos
Buenos días.
Hoy ya sin lluvia y con menos frio
A por el domingo con una sonrisa, y algunos "sin malos humos" y con buen humor.
Disfrutad del día..
Josep
Buenos días.
A disfrutar del domingo.
En eso estamos pero hoy hace frioooo
Juan carlos
Buenos días
Buenos días diferentss
Vamos a por el lunes y parece fresquito
Juan carlos
Buenos días Diferents.
[SIZE=4][FONT=arial]La frase: [B][COLOR=#b22222]"[/COLOR][/B][/FONT][/SIZE][FONT="][SIZE=4][FONT=arial][B][COLOR=#b22222]Útil es todo lo que nos da felicidad"[/COLOR][/B]. [/FONT][/SIZE]
[/FONT][I][FONT="]Augu[/FONT][FONT="]ste Rodin[/FONT][FONT="] [/FONT][FONT=inherit][I](1840-1917) Escultor francés.[/I][/FONT][/I]
El gilipollas del día.
[IMG]https://media.giphy.com/media/l0ExfO2HwEPV0JoGY/giphy.gif[/IMG]
Bon día Diferents, a por el lunes con una sonrisa y buen humor.
Que tengais un magnífico día
Josep
Buenos dias diferents.
Luis
Buenos días
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e=59049E47[/IMG]
Buenos días
[SIZE=4][FONT=arial]Para alguien que vive siempre entre palabras resulta fascinante estudiar su etimología; pero todavía más fascinante (y a menudo sobrecogedor) resulta comprobar cómo las palabras, una vez formadas, pueden evolucionar en su significado hasta llegar a designar cosas por completo distintas.
Un ejemplo llamativo y muy ilustrador lo constituye la palabra ‘conciencia’, que etimológicamente significa algo así como «ciencia o saber compartido»; es decir, un juicio interior que realizamos a partir de un conocimiento común de la realidad de las cosas. Todos seguimos usando esta palabra de forma habitual: decimos, para afirmar una decisión personal, que «hemos obrado en conciencia»; y cuando queremos afear la conducta de alguien, lo señalamos: «Allá tú y tu conciencia». Todas estas expresiones, al apelar a la conciencia, denotan que nos estamos refiriendo a una actitud o decisión que los demás puedan entender, pues aunque es un juicio interiorizado se funda en un «saber compartido». Y así ocurrió, en efecto, durante mucho tiempo.
Y ocurría porque considerábamos que bien y mal, verdad y error eran categorías que todos podíamos discernir. La conciencia podía definirse entonces como «el juicio de la razón práctica que dictamina el valor moral de los propios actos». Pero llegó un momento en que ocurrió lo que George Orwell nos cuenta en 1984: se hizo creer a las personas que «tanto el pasado como el mundo externo existen sólo en la mente»; y que la realidad de las cosas dependía de la idea que de ellas nos hiciésemos, porque era imposible conocer su verdadera naturaleza. De este modo, ya no se podía establecer dónde se halla la verdad y dónde el error. Al no existir una realidad objetiva, no podía haber «ciencia o saber compartido»; y la conciencia tenía que decidir a su libre arbitrio sobre el bien y sobre el mal. En un principio, ante la falta de esas realidades sobre las que existía un conocimiento común, la conciencia se identificó con la convención creada en determinadas circunstancias históricas o culturales. ¿Adónde vas, Vicente? Al ruido de la gente». Era el estadio intermedio que prefiguraba la completa metamorfosis del significado de “conciencia”.
Ya que se nos había hecho creer que el mundo externo sólo existía en la mente, como señalaba Orwell, la conciencia dejó de seguir en sus juicios la costumbre o la convención aceptada en cada momento histórico, para recluirse en la pura subjetividad. E inevitablemente se convirtió en una expresión de sinceridad, de autenticidad, de ‘conformidad con uno mismo’. La conciencia pasó a ser, en definitiva, un “sentimiento individual”, una especie de mecanismo exculpatorio a través del cual justificamos el ejercicio de nuestra voluntad; una especie de “derecho a actuar según nuestra propia conveniencia”.
Así se llegó a una nueva definición de conciencia que es exactamente el antónimo de lo que antaño fue. Rousseau lo expresó mejor que nadie al afirmar que la conciencia «es al alma lo que el instinto es al cuerpo»: es decir, una suerte de automatismo que nos impulsa a hacer lo que nos conviene, aunque lo disfracemos de motivaciones altruistas (como también disfrazamos los impulsos de nuestro instinto de parecidas farfollas). Puesto que ya no existe el bien como categoría objetiva, el bien es la mera realización de nuestra voluntad individual; y toda realización de la voluntad individual se vuelve necesariamente buena. La conciencia se convierte así en el salvoconducto para el subjetivismo relativista más radical.
Pero este caramelito que nos permite obrar según nuestra conveniencia tenía que tener, inevitablemente, una contrapartida. Y tal contrapartida ha sido la más feroz y tiránica que uno imaginarse pueda. Puesto que la conciencia de cada ser humano va a emitir juicios egoístas según su conveniencia, puesto que es un ‘instinto’ que ya no se amolda a realidades externas objetivas, que ya no reconoce las categorías de bien y mal, verdad y error, se tienen que imponer leyes que impidan que la vida social degenere en un pandemónium de voluntades personales encontradas. Y tales leyes ya no estarán al servicio del bien y de la verdad, sino al servicio de quienes tienen el poder coercitivo para imponer su voluntad.
Así la conciencia, al convertirse en conveniencia, se rindió sin armas a un poder sin conciencia, sin saber compartido, que es puro ejercicio de la fuerza. En lo que se prueba que no se cambia el significado de las palabras impunemente.
[B][I][SIZE=2]Artículo de Juan Manuel de Prada[/SIZE][/I][/B][/FONT][/SIZE][B][I][SIZE=2] en la revista XLSemanal.[FONT=arial]
[/FONT][/SIZE][/I][/B]
[IMG]http://4.bp.blogspot.com/-XTyYIncIj_A/U30AybExleI/AAAAAAAAQfw/U7EZJSutzkU/s1600/realidad-virtual.gif[/IMG]
Buenas noches a todos :Drogar-Happy(LBG)::Drogar-Happy(LBG):
buenas noches
compañeros ya estamos de vuelta
y con ganas de enganchar que van 28 días sin enganchar
y tengo el monoooooooooooooo
bueno ponedme al dia
que llevo tres meses desconectado
que pongo bañador
ropa de verano
ropa de invierno
de eski
de buzo
vaaaa que tengo ansiaaaaaaaaaaaa
Pues de todo un poco, Raúl, por que lo mismo hace frío que calor.
Buenos días Diferents, vamos a por el martes.
[COLOR=#1D2129][FONT=Helvetica]EL GILIPOLLAS DEL DÍA...[/FONT][/COLOR]
[IMG]https://media.giphy.com/media/26xBJU2W2wI7TXU1G/giphy.gif[/IMG]
[SIZE=4][FONT=arial]La frase de hoy:[B][COLOR=#b22222] "[/COLOR][/B][/FONT][/SIZE][FONT="][SIZE=4][FONT=arial][B][COLOR=#b22222]Hay cuerdas en el corazón humano que sería mejor no hacerlas vibrar"[/COLOR][/B]. [/FONT][/SIZE]
[/FONT][I][FONT=inherit]Charles D[/FONT][FONT=inherit]ickens[/FONT][FONT="] [/FONT][COLOR=#666666][FONT=inherit][I](1812-1870) Escritor británico.[/I][/FONT][/COLOR][/I]
Buenos dias diferents.
Luis
Buenos días diferentss
Juan carlos
Buenos días Diferents
Enviado desde mi Huawei P8
buenos días caravaneros
Muy buenos días a todos
A por el martes con una sonrisa y buen humor.
Que tengais un Gran Día.
Josep
[ATTACH=CONFIG]161983[/ATTACH]
[COLOR=#313131][FONT=&][SIZE=4][FONT=arial]¿Cuánto hace que no ve usted una cabina de teléfonos? Cuánto hace que no ve una cola de dos o tres personas -como las que esperan frente a un cajero, por ejemplo- esperando pacientemente que un muchacho o muchacha deje de hablar en una cabina cerrada o en una abierta? Aunque no os lo creáis, queridos niños, con los teléfonos públicos pasaba lo mismo que os conté acerca de las máquinas de fotos y los famosos negativos: existían y eran una muy práctica forma de comunicación entre personas. Personas que tenían teléfonos fijos, esos que vuestros padres o abuelos puede que aún tengan en una mesita del comedor o la cocina. El de mi casa estaba colgado de la pared y era de baquelita negra, tenía un auricular que pesaba un quintal y un disco marcador de números con un muelle de retroceso velocísimo, como no he encontrado otro. Los más viejos del lugar recordamos incluso cuando los números de teléfono eran muy cortos y se conectaba con ellos a través de centralitas. Tú no llamabas a una casa, llamabas a la central de la telefónica local y le decías al operador: «póngame con el 347». De la misma manera, si querías llamar de Mataró a Barcelona -que era mi caso-, marcabas el número de esa centralita y pedías «una conferencia». Si no había atasco, te devolvían la llamada y oías la frase mágica: «Le pongo». A este que suscribe, al que le van a caer los sesenta en unos meses, esa cosa de llamar a aquella novia que tenía en el paseo San Juan de BCN de forma directa, simplemente descolgando y marcando, le sobrevino cuando contaba con diecisiete tacos o así. Y andabas con cuidado porque cualquiera en casa te recordaba que «es conferencia, nene». Entonces las ya casi inexistentes cabinas, queridos niños, no funcionaban con monedas, sino con fichas con dos ranuras. Y se vendían en los bares que tenían teléfono público, por ejemplo. La ranura de aquellos teléfonos públicos mostraba las fichas que tenías colocadas y tú calculabas el tiempo que podía quedarte. La cosa cambió y ya se accedió al teléfono con monedas, lo que lo hacía todo mucho más operativo, ya que si te accedía una urgencia a las tantas no tenías que ir probando por los bares abiertos por ver si sonaba la flauta en alguno y podías avisar a casa de que ibas a llegar más tarde de lo esperado. Recuerdo que ya metidos en los ochenta, con el crecimiento inmobiliario de las grandes ciudades -y las que ejercían de dormitorio-, un teléfono fijo en una casa no era cuestión de horas ni de días. Podía tardar más de lo concebible ahora mismo y tú tener que tirar de la cabina de la calle o las del barrio, normalmente concurridas.
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[COLOR=#313131][FONT=&][SIZE=4][FONT=arial]Hoy en día, a los ayuntamientos les molestan mucho las cabinas: son una suerte de estorbo urbano, además de un objeto de deseo de todos los vándalos que creen que en su interior se guarda un tesoro. Los teléfonos públicos de última generación se convirtieron en objetos indestructibles imposibles de reventar: por mucho que uno quisiera tirar del cable, aquello no lo rompía nadie. Afortunadamente, claro. La muerte de las cabinas circula paralela a otra no menos significativa: ¿cuánto hace que no ve usted una guía telefónica? Aquellas guías de páginas blancas o amarillas, según el caso, contenían a casi todos los abonados de su provincia, con su dirección incluida, y eran una fuente de información primorosa. Hoy en día, los teléfonos fijos los consigues fácilmente por tu buscador. No así los móviles, cuya guía no existe. Por aquel entonces te encontrabas las guías telefónicas en las barras de los bares o en las mesillas de noche de las habitaciones de hotel. O en los portales de los edificios, apiladas a la espera de ser recogidas por los inquilinos. Hoy las sigue habiendo, pero hay que pedirlas y sirven de poco.
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[COLOR=#313131][FONT=&][SIZE=4][FONT=arial]La telefonía cambió en pocos años de tal manera -¿se acuerda de su primer móvil, allá por el final de los ochenta o el principio de los noventa?- que hoy el debate está en cómo serán los nuevos chips de los [I]smartphones[/I] que permitan abaratar consumo, aumentar potencia y ofrecer mucha más rapidez de descarga. De las cabinas nadie quiere saber nada.
Ofú, cómo corre el tiempo.
[I][B][SIZE=2]Artículo de Carlos Herrera en la revista XLSemanal[/SIZE][/B][/I][/FONT][/SIZE][/FONT][/COLOR]
A los buenos días.
Buenos días
Aquí con niebla.
[ATTACH]161986[/ATTACH]