Quizás esté chapado a la antigua pero, para mí, me basta con que se pueda hablar con él y eso que lo necesito imperiosamente para el trabajo. Me sobra el Whatsapp (el 99% de los mensajes son chorradas de las gordas), me sobra un pantallón (para ver vídeos tontos), me sobran todas esas APPs que me dicen a qué temperatura estoy, a qué altura sobre el nivel del mar o a ver el menú del chino del barrio y, sobre todo, lo que más me fastidiaría sería cómo llevar en el bolsillo del pantalón semejante bicharraco. Tendría que comprarme un bolso y cargar con él todo el día. Yo . . . paso.

Soy partidario de tener el teléfono para hablar, un buen navegador para circular por esos mundos de dios, una buena cámara fotográfica para sacar fotos y una buena brújula para el monte.

Quizás cuando vea a un fotógrafo sacando fotos de los juegos olímpicos con un móvil, a un expedicionario al polo sur con la brújula del Iphone o, a los del Pariis-Dakar guiándose por el desierto con un navegador pirateado en un Samsung. . . . cambiaría de opinión. Hasta entonces . . . no creo.

Saludos.